El
argentino Juan Martín Del Potro batalló un partido que estaba para
él o para su rival, el Maestro Roger Federer. Protagonizaron
un gran espectáculo en el cual estuvo lleno de magia, habilidad,
sutileza, potencia, buenos servicios y por sobre todo, confianza y
adversidad. Ambos, frente a eso superaron algo inexplicable, este
deporte que conmueve a tanto público y que frustra a otros tantos.
Esto es el tenis. La belleza y el abismo, dentro de un círculo
rodeado de magníficos atletas, porque eran maratones lo que hacían
en cada jugada.
El
partido fue maratónico, duró cerca de 4 horas y media en sólo 3
sets. Sin embargo, su rival, el más grande de todos los tiempos, si
bien sufrió de varios golpes intensos, logró sobrellevar esa
mochila enorme que es el césped de Wimbledon, su casa. Lo cierto es
que fue el partido más largo en la historia del tenis olímpico y se
paralizó todo el mundo frente al show. Ambos, uno por cada lado,
fueron en contra de las estadísticas, de tal manera que niguno de
los dos disminuyeron su velocidad de saque que se encontraba por
debajo de los 200 km/h y por encima de los 180, unos monstruos.
Luego, tras el partido, Delpo declaró en caliente que “era
imposible destacar algo bueno por parte suya si perdió”. Con la
mente en frío, afirmó: “Salgo a jugar por respeto a ella” y la
Torre de Tandil debió afrontar el siguiente partido del día,
plenamente extenuado, junto a la tigrense Gisela Dulko en el dobles
mixto en la Cancha 2. Lamentablemente, no tuvo revancha y cayó
también por un claro y contundente 6-2 y 7-5 en apenas 1 hora de
juego. A pesar de que la dupla haya dejado el alma criollo en cada
golpe, no pudieron ante los norteamericanos Mike Bryan y Lisa
Raymond.
Por
su parte, el tandilense número 9 del ranking ATP (Asociación de
Tenistas Profesionales), se medirá ante el serbio Novak Djokovic,
que hoy sucimbió ante el local Andy Murray por un doble 7-5, el
próximo domingo en busca de la presea de bronce, la cual sería la
primer medalla para su país y un gran logro en lo personal.
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